¿Qué es ser una persona espiritual?

ser espiritualSer espiritual es creer en algo más allá de lo que podemos ver y tocar, de esta manera defendemos la idea de que toda nuestra vida ya está definida, lo único que debemos hacer es saber vivirla de una manera plena. Este hecho comienza en el momento en el que empezamos a buscar nuestra verdadera identidad y cuál es nuestro propósito a cumplir en el mundo sin dejarnos llevar por lo material que tanto daño hace a la sociedad actual.

La espiritualidad es un tema de diálogo que nos puede ocupar muchas horas en una conversación con cualquier persona y, de igual forma, es uno de los temas más profundos que un ser humano puede abarcar. Esto es debido a que realmente no sabemos quñe hay más allá de lo que tocamos, escuchamos y vemos.

Debido a todas las distracciones que podemos encontrar en nuestro día a día (como el trabajo, la familia, los amigos…) a veces se nos hace difícil mantener nuestro rumbo y olvidamos que es más importante vivir una vida completa y feliz con todas las personas que nos rodean a vivir una vida llena de lujos y de falsas amistades que en verdad están con nosotros por lo material y no por la verdadera razón que deben cumplir estas personas.

Cuando encontramos el equilibrio entre lo material y lo espiritual, siendo esto último lo más importante, nos daremos cuenta de que estamos viviendo nuestra vida a todo dar y que no importa cuáles y cuántas adversidades encontremos en nuestro camino, porque sabremos seguir adelante sacando lo mejor de nosotros en esas experiencias.

Definición de valores espirituales

Los valores espirituales son todos aquellos principios o costumbres que ayudan a formar una relación más estrecha y cercana entre los seres humanos y Dios. Todas ellas fortalecen el crecimiento personal y, en la mayoría de los casos, ayudan a emprender un camino de autoconocimiento e introspección que nos puede hacer ver características y rasgos de nuestra forma de ser en los cuales podamos mejorar.

Se podría llegar a la conclusión de que los valores espirituales tienen como resultado el hecho de que le prestemos atención a  todas aquellas cosas que van más allá de lo material en nuestras vidas. Si bien nos hacen ver la importancia que tienen en el desarrollo de nuestro día a día, también vemos que no todo alrededor de nosotros gira entorno a esos objetos y que nosotros somos lo que decidimos el grado de relevancia que van a tener en nuestras vidas.

Valores como la caridad, la fe o la esperanza entre otros, hacen que el individuo tenga una visión más amplia de las cosas y pueda de esta manera encarar las vicisitudes u obstáculos a los cuales todos nos tenemos que enfrentar alguna vez en la vida.

¿Cómo ser más espiritual?

Habrá muchos momentos en nuestras vidas donde creeremos que estamos solos y no tengamos fuerzas de continuar y afrontar los retos que se nos presentan delante de nosotros. Es en estos momentos donde más fortaleza tenemos que buscar en nuestro interior y ésta sólo la vamos a hallar con una gran voluntad para sobreponernos a todo lo malo que nos puede pasar en la vida.

Puede que todas las distracciones que representa la vida moderna hayan hecho que perdamos el rumbo y que no estemos en contacto con nuestra parte espiritual. El que nos estemos enfocando mucho en lo exterior, que solo pensemos en cómo alcanzar el éxito o la aprobación de otros, inevitablemente hará que nuestra mente carezca de esa pequeña sabiduría.

Nutrir nuestro lado espiritual es de gran importancia; para ser más espiritual debes estar en contacto con Dios y tratar de no analizar el mundo simplemente a través de la razón, sino ver más allá y aceptar que hay fenómenos que se escapan de la lógica humana, que hay algo más poderoso y grande que nosotros. Aceptar esto nos hará darnos cuenta del papel que jugamos en este gran  universo en el que habitamos.

¿Qué es la cultura espiritual?

Por definición, la cultura espiritual es un concepto que está ligado profundamente con la espiritualidad, por lo tanto tiene que ver con toda nuestra vida y lo relacionado a ella, desde las relaciones que tenemos con las personas que nos encontramos a diario hasta los pensamientos que tenemos cuando nos vemos al espejo antes de irnos a dormir.

La cultura espiritual, a diferencia de la cultura materialista, nos dicta que no todo lo que vemos y tocamos es lo único que existe y que todo lo que nos pasa a lo largo de nuestro recorrido en la Tierra pasa por alguna razón y es la única cosa que podía haber ocurrido. De esta manera debemos aprender de todas las eventualidades y seguir adelante con todas esas nuevas experiencias.

La espiritualidad y la cultura espiritual es una manera muy completa de vivir nuestras vidas y es algo que depende estrictamente de nosotros, ya que somos los únicos que tenemos el control de nuestras vidas y como una de las Leyes de la Espiritualidad dice: «todo lo que nos pasa es porque debió pasar». Por tanto, se entiende que todo nuestro futuro está escrito completamente y sólo debemos aprender a saber vivirlo de la mejor manera.

Dones espirituales

Antes de que comencemos a hablar de los dones espirituales, es conveniente acercarnos a una definición del concepto «dones» y para ello usaremos el siguiente versículo bíblico, Cor, 12:1-11, donde se menciona que el significado literal de esta palabra es “que pertenece al Espíritu”.

Y mientras más nos adentramos en su significado, vemos cómo llegar a la conclusión de que los dones o características espirituales son regalos especiales que son otorgados por el Espíritu de Dios de manera individual al creyente y este los da para el bien y prosperidad de la comunidad.

De esta manera podríamos llegar a decir que, en el caso de la Iglesia, se le ha dado el don de la lengua, es decir, la capacidad para poder identificar el mensaje de Dios en el prójimo y poder entendernos y reconocernos mutuamente en el mundo.

La verdad es que todos los miembros de la Iglesia tienen al menos un don espiritual y es el Señor quien nos invita a nosotros sus hijos a “buscar diligentemente los mejores dones, recordando siempre para quienes son dados” (D. y C. 46:8). Ningún creyente posee todos los dones, pero está en nuestras manos identificar cuál fue el que nos fue otorgado y cómo podemos ayudar a que el mundo pueda ser un mejor lugar desde donde estemos.

Los dones que se nos fueron dados no los elegimos ni fueron conseguidos por voluntad propia, sino que estos responden a un poder mayor y sobre todo a un propósito que trasciende más allá de nuestras decisiones. Cada persona debe de ser capaz no sólo de identificarlos, sino además valorar y desarrollar el don que ha recibido gracias a la gracia de Dios. Timoteo 1:6 y Timoteo 4:14.

También es conveniente hablar sobre la diferencia que puede llegar existir entre talentos y dones cuando estamos leyendo he interpretado la Biblia; en el libro de Mateo 25: 14-30 se puede ver un ejemplo de esto a través de la parábola de los talentos. Es posible que algunos lleguen a pensar que ahí se están refiriendo a los dones, pero en realidad no es así.

En la parábola, que es un relato o suceso fingido en el cual se llega a deducir algo por comparación o semejanza, se habla sobre el talento como una habilidad y ésta, por muy buena que sea, es una cualidad que procede de Adán, es decir, de la naturaleza caída del hombre. Mientras que «el don» viene directamente de Dios Padre.

Guerra espiritual cristiana

Lo cierto es que este es un tema que no es nada sencillo de explicar, requiere de una gran cantidad de horas de lectura, análisis e interpretación de La Biblia; todo ello para poder llegar a tener una idea clara de a qué nos estamos refiriendo cuando hablamos de «la guerra espiritual».

Y es que uno de los más grandes errores que puede cometer una persona común es el de subestimar o por el contrario sobre enfatizar la guerra espiritual. Muchos optan por culpar de cada pecado, de cada conflicto o de cada problema que se nos presenta a los demonios y a la influencia que ellos pueden ejercer. Otras van  a el extremo contrario e ignoran por completo el elemento espiritual que existe en sus vidas, ignorando así la influencia que tiene Dios y La Biblia en nuestras vidas.

La clave de la guerra espiritual es identificar que es una batalla que se libra todos los días de nuestra vida y que está presente en todas las decisiones que tomamos. Lo más importante es hallar el balance necesario para poder seguir adelante y lograr ser dignos de la gracia del Señor.

En algunas ocasiones Jesús habrá expulsado demonios de la gente y en muchas otras sanó a la gente sin mencionar nada que tuviera que ver con lo demoniaco, de la misma forma que el apóstol Pablo enseñó a los cristianos a librar batallas contra el pecado dentro de nosotros mismos, y a librar batallas en contra del maligno.

Nuestros enemigo no es visible, así que no es tan sencillo pensar que este es algún tipo de enfrentamiento físico en el cual podemos salir victoriosos fácilmente. La verdad es que esto va más allá, es una batalla del espíritu, del alma, y es esta por consiguiente la que tenemos que fortalecer cuanto más mejor.

Pero nosotros tenemos un material de apoyo del cual podemos valernos para protegernos de las tácticas del mal y que es La Biblia; a través de su estudio y de su internalización podemos llegar a estar preparados para aquellas situaciones en las que nuestra fortaleza se vea puesta a prueba por las muchas formas que tiene Satanás para desviarnos del camino correcto. Algunas de ellas pueden ser el engaño, las tentaciones o las acusaciones, entre muchas otras.

Es con nuestra propia determinación a triunfar que podemos llegar a ser los vencedores en esta batalla, esta guerra cotidiana a la cual nos exponemos cada día de nuestra vida.

Ejercicios espirituales

Cuando hablamos de los ejercicios espirituales es casi imposible no mencionar de dónde viene este término, y para que todos podamos estar en la misma sintonía hay que mencionar a San Ignacio de Loyola, quien en un principio fue un militar español, pero luego pasó a ser una de las más grandes e importantes personalidades religiosas de su tiempo (luego de sufrir una herida grave que lo alejara de los campos de batalla).

Una de sus más grandes características era su inmensa devoción al Papa. El proyecto más grande y ambicioso que realizó fue la Compañía de Jesús, de la cual fue primer general y que le ayudó a prosperar a lo largo de toda su vida. Pudo llegar a ver como más de mil personas formaban parte de ella en más de cien centros (colegios o casas de formación) repartidos en doce provincias al momento de su muerte. Ignacio de Loyola fue canonizado en 1622 y el Papa Pio XI lo declaró patrono de los ejercicios espirituales en 1922.

En lo que se refiere a estos ejercicios espirituales, podemos definir éstos como una serie de meditaciones, oraciones y ejercicios mentales. El libro original que los contiene fue publicado en 1548 y consta de unas 200 páginas; este libro ejerció una gran influencia, ya que servía como herramienta proverbial y posteriormente de discernimiento.

Se podría decir que (en palabras del mismo Ignacio de Loyola) son un método de examinar la conciencia, de tomarse una oportunidad para orar, meditar, contemplar y reflexionar, y por supuesto que todo esto está encaminado a que el alma se prepare para quitarse de si todas las afecciones y malestares que pueda poseer. Y a partir de ahí buscar la voluntad o espíritu divino para el propósito del alma.

Son pues una serie de actividades enfocadas a nutrir y depurar el alma y el espíritu de la persona a través de la introspección, con el objetivo de que se logre identificar en primera instancia todo aquello que aflige el espíritu de quien los practica y con la implementación de ellos logre rehabilitar su esencia y pueda así tomar un nuevo camino en su vida.

En la actualidad, estos ejercicios son todavía parte integral del periodo de entrenamiento del novicio de la orden religiosa de los padres jesuitas o Compañía de Jesús.  Gracias a los tiempos modernos en los que vivimos el libro está disponible para que cualquier persona pueda practicar los ejercicios y seguir con las actividades de su vida diaria. Ver los ejercicios espirituales de San Ignacio de Loyola.

¿Qué son las casas de ejercicios espirituales?

Las casas de ejercicios espirituales son lugares que tienen como misión el acercamiento al Señor a través de los ejercicios espirituales ofreciendo lugares, fechas y modalidades de manera sencilla.

A continuación hablaremos sobre estos puntos de encuentro espiritual, para que tu que tienes el empeño y la ilusión de hallar respuestas y un verdadero encuentro con Dios puedas tener un conocimiento general de lo que son.

Podemos definir las casas de ejercicios espirituales como las entrañas de la vida espiritual para las comunidades cristianas y para las almas, a través de los ejercicios comentados anteriormente y que son un grupo de oraciones y meditaciones en un ambiente de silencio y recogimiento.

Más que todo es un exclusivo impulso interno generado por el Espíritu Santo, con el objetivo de abrir extensos espacios a la acción de la gracia en el alma.

En general, lo que hacen en estas casas es una invitación a colaborar entre laicos y jesuitas de forma totalmente ecuménica. El objetivo de las actividades desarrolladas en cualquier casa de ejercicio espiritual es transparente:

Ayudar a todas las personas a tener un verdadero encuentro con el Señor a través del camino de la espiritualidad ignaciana, adaptándose a las distintas circunstancias: eclesial, económica y cultural, entre otras.

Trabajos espirituales que pueden realizarse a diario

Estos trabajos son realizados principalmente como consecuencia de las siguientes razones:

  • Cuando hay una presencia negativa a nivel espiritual o mucho odio.
  • Ansias de destrucción sin razón coherente.
  • Rechazo a cosas buenas o siente que algo no está bien y no es a nivel físico ni mental.

Debemos recordar siempre que los trabajos espirituales son algo que va más allá del entendimiento racional del ser humano. Para este trabajo se requiere la utilización de la luz de Dios usando como transmisores a otras personas para así limpiar de esas energías negativas. Igualmente se puede llegar a hacer un «trabajo espiritual personal» empezando por cada día dedicarle unos minutos a encontrar dentro de ti mismo un punto de equilibrio donde solo nosotros alcanzamos a saber cuál es.

Uno de los métodos más efectivos para encontrar este equilibrio es sentarse al final de cada día a meditar sobre todo lo vivido durante ese día (experiencias, conversaciones…)  y auto-evaluar cada una de las situaciones vividas en detalle. Y de esta forma tratar de darse cuenta de cada una de las cosas que pudiste haber hecho de otra forma para que resultaran aún mejor de lo que sucedieron.

De igual manera hacer una reflexión sobre los errores cometidos para mejorarlos en una próxima vez; muchas veces no nos damos cuenta que llegamos a ser personas muy materialistas dejándonos llevar por la sociedad, la actualidad o la moda. Pero no reaccionamos a lo que verdaderamente es esencial para nuestras vidas o para nuestro día a día. Haz una pausa cada vez que te sientas abrumado con la rutina diaria.

Eso sería lo ideal para ver qué es lo que has hecho hasta ahora y qué es lo que te llena como para sentirte realmente satisfecho con tus acciones y con cómo estas afectan en tu entorno… y recordar que estamos en este plano terrenal por muy poco tiempo.